Da mucho y pide todo

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Da mucho y pide todo

Me gusta decir que dar mucho debería de generarnos pedirlo todo, como estilo de vida. Parece que ofrecer lleva aparejado el no sentir la necesidad de ser correspondido o de minimizar nuestras peticiones. No deberíamos de quedarnos a medias; bien por pudor, timidez, autoestima, autoconcepto o hasta por estilo cultural o educacional, tendemos a minimizar nuestras peticiones. Sería mucho más fácil pensar y llevar al sentimiento y a la acción la toma de conciencia de que realmente sí esperamos algo a cambio. Nos movemos por deseos, motivaciones, por satisfacer, por reafirmarnos en nuestro ser, y todo eso se llama deseo de correspondencia.

 

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Pedirlo todo es sentir que tenemos valor, que nos merecemos mucho, exactamente lo mismo que ofrecemos. Pedir no es exigir, ni solicitar, realmente es sentir que podemos ser receptores de eso que damos a otras personas de forma constante, que merecemos una simetría. Que amar, realmente, representa un espejo de nuestra consideración personal. Que lo que ofrecemos es realmente lo que sentimos sobre nosotros. Por eso es necesario ese plano de equilibrio, porque ahí nos vamos fortaleciendo.

Perder nuestro equilibrio ocasionalmente es algo natural; esa respuesta que no llega, esa agenda rebosante, ese acuerdo que no termina de cerrarse, esos compromisos personales a los que te cuesta llegar, esas dudas, esa reducida agilidad que en ocasiones eterniza tu toma de decisión, ese móvil echando humo… Todas estas circunstancias potencian cada vez más la necesidad de incorporar el bienestar emocional a nuestras vidas. Realmente, ha dejado de ser un tema puramente sentimental para convertirse en un aspecto ejecutivo y un objetivo más dentro del ámbito personal, profesional y político.

A veces, llenamos nuestra cabecita de preguntas que generan duda, malestar en ocasiones; ¿me encuentro bien?, ¿por qué no tengo tiempo para mis aficiones?, ¿necesito parar?, ¿estoy bloqueado?…

 

 

Sin pretenderlo, nos preguntamos de alguna manera si hemos perdido cierto equilibrio emocional; me gustaría referenciarlo como la estabilidad que necesitamos para lograr un estado de calma. Cuando estamos estables, las respuestas que damos a nuestro entorno son correctas y nos sentimos representados en ellas; nos encontramos reflejados, y cuanto más lejos están de esa identificación personal es el reflejo de un mayor desequilibrio o de lejanía de nuestro centro personal emocional. Asumir que tras determinadas experiencias o acontecimientos debemos recuperar el equilibrio, es parte del proceso para lograrlo.

Hay algunos aspectos interesantes para añadir a nuestra rutina:

Consolarnos y ser empáticos con nosotros ante las caídas y nuestros cambios es aceptación, no huida, y por lo tanto es equilibrio.

Conocernos contribuye a poder entendernos ante las emociones, y por lo tanto tener la habilidad para salirnos y esforzarnos para analizarlos desde fuera e iniciar la ruta del cambio o de la gestión positiva sobre ellas.

Analizar o detectar nuestras fortalezas, nuestras áreas de mejora es fundamental. Sabrás de dónde partes y podrás ir complementando con tus equipos, y por otro lado focalizar la atención en objetivos alcanzables de manera lenta; poco a poco.

No estás tan bien, ni estás tan mal; huye de los puntos extremos. Siempre sitúate en las zonas intermedias; si la emoción entra y estás muy polarizado o polarizada, te arrastra y genera desequilibrio.

Agendar un mínimo descanso te reequilibra y te permite ampliar tu visión; si esta noche no ves la salida o la decisión descansa, mañana será otro día; en ocasiones, el descanso te reinicia para conectar con soluciones que siempre estuvieron y no eras capaz de interpretar. A veces, la respuesta no llega de forma inmediata; espera hasta que de alguna forma hayas podido analizar dos opciones, Plan A y el alternativo Plan B.

 

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Me encanta eso de ¿qué hora es? Aunque pueda parecer intrascendente marcar una pauta repetida una y otra vez vinculada a un horario nos ordena, la rutina nos aporta equilibrio. Al menos marcar dos o tres pautas repetitivas y vincularlas a un horario nos reconstruye.

Reflexiona, escribe si te ayuda, aunque después no lo conserves, te ayudará y seguro que aquello que te preocupa o te puede generar ansiedad trasladado a un folio o a las notas de tu móvil es mucho más pequeño y asumible.

Que la música te gobierne y lee lo que te guste en tus ratitos libres, junto a la playa o el mar, en la naturaleza o sobre tu sillón favorito.

Para y toma conciencia de dónde estás; aunque estés conduciendo hazlo, evita la automatización constante.

Persigue tus pasiones; seleccionar mínimamente algo que nos vuelva loco nos llenará de ilusión, de pasión. Reserva algo para ti; aunque sea mínimo, valdrá la pena.  A veces son pequeños gestos los que nos reconfortan y nos hacen estar mejor.

Arriesgar y golearle al pasado.

 

 

Maite F. Valderas

Psicóloga – Asesora – CEO ETIK

Coach Político

etikpolitica.es @EtikMaite



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