Disciplina: la mejor recomendación para una campaña

Disciplina: la mejor recomendación para una campaña

Sin disciplina no se podrá ejecutar correctamente la estrategia planteada para una campaña.

Tres elementos son fundamentales en toda campaña electoral, el candidato/a, la estrategia y los recursos, incluyendo en estos últimos el tiempo, el dinero y el recurso humano.

La estrategia sin duda alguna es parte principal del proceso ya que define el camino y los pasos que se deberán dar para garantizar el objetivo propuesto. No menos importante es el mismo candidato/a, con sus defectos y virtudes ya que en él se personifica la estrategia.

Y qué decir de los recursos, el tiempo que nunca alcanza para todas las tareas por cumplir, el dinero que siempre será insuficiente y el valioso recurso humano, desde los voluntarios hasta los profesionales pagados por la campaña, todos con tanta energía pero a veces con tan poco orden.

Todos estos elementos deberán estar subordinados al mando claro de una gerencia de campaña, para garantizar el cumplimiento adecuado de los objetivos del proceso electoral. Nada más parecido a una organización castrense que una campaña política, suena paradójico por tratarse las elecciones del más evidente ejemplo democrático. En una campaña como organización, debe primar el orden y la autoridad, tampoco al extremo del autoritarismo, es la autoridad fruto del consenso logrado por quienes integran el “cuarto de guerra” y como los generales, definen la ruta a la victoria para que los soldados persuadidos y comprometidos cumplan ese reto propuesto.

Si una campaña electoral no se administra como una empresa, y no se rige bajo los principios castrenses está casi segura la sentencia de la derrota.

Por eso es de suma importancia a la hora de emprender la aventura de una campaña electoral, definir con claridad quien será la persona encargada de gerenciar dicho proceso.

Para eso algunas recomendaciones (solo algunas): el gerente de campaña no puede ser el mismo candidato, ya que éste deberá estar dedicado a comunicar el mensaje de primera mano, deberá sonreír, dar la mano y permanecer siempre del mejor semblante a pesar de la dificultades. El gerente debe tener obviamente capacidades gerenciales, liderazgo y habilidades de mando, persuasión pero también fortaleza si se debe prescindir de alguien en la campaña (recomiendan siempre tener cabezas para cortar en la organización) como expresión plena de autoridad.

De entera confianza con el candidato, pero que esa confianza no le impida compartir y evidenciar la realidad del proceso, muchas veces adverso a los objetivos  propuestos. Siempre la verdad dicha a tiempo, permitirá tomar las medidas más pertinentes para encauzar el camino.

En su experticia gerencial debe recurrir a las herramientas propias de esta ciencia, que le permiten adaptarse con éxito a los procesos electorales; de ellas quizás la mejor, es el cuadro de mando integral, son los ojos y las manos con las que cuenta la gerencia de campaña para realizar su labor.

Lo que no se mide, no se puede evaluar ni es susceptible de mejorar. Y en una campaña electoral, por lo limitado del tiempo y lo restringidos de los recursos, no se pueden dar pasos a ciegas, ni dejar todos en manos del azar, contando con el carisma del candidato y el poco fiable respaldo popular, si no se mide no se sabrá en qué escenario se está.

Cada uno de los pasos que se cumplen en la campaña deben estar sólidos y fundamentados como un todo. Una adecuada y amplia investigación aportará la información necesaria para definir una buena estrategia, ésta a su vez definirá las tácticas, tiempos y acciones a ejecutar a lo largo del período de campaña, también definirá claramente los responsables de estas acciones.

Con esta información la gerencia de campaña debe definir su cuadro de mando integral, con objetivos, responsable, tiempos y parámetros de medición, obviamente sujeto a las incontinencias que una campaña en si misma encierra, no en vano los expertos definen la campaña como la gerencia del caos, pero hasta el caos requiere orden para cumplir su propósito.

Y ese orden solo se cristaliza en una palabra, disciplina. La campaña debe someterse a lo dispuesto, acordado y plasmado en la estrategia. Disciplina del candidato al mensaje, a los tiempos y al ritmo que propone la agenda; disciplina de los voluntarios y militantes a los trabajos de tierra que propone la misma dirección de la campaña; disciplina de los comunicadores para respetar los tiempos, medios y la tonalidad de los mensajes, y qué decir de quienes integran “el cuarto de guerra” empezando por el mismo gerente y candidato, disciplina con los procesos y las obligaciones impuestas.

Una campaña electoral y política es gerenciar el caos, y esto solo se logra con orden, autoridad y disciplina.

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